24 de marzo de 2010

“PERDIDOS EN LA TRIBU” O LA DERROTA DE LA ETNOGRAFÍA



La discusión teórica-metodológica acerca de la etnografía ha sido un debate que ha estado presente de forma sistemática en la antropología, desde la primera edición de Los Argonautas del pacífico occidental, en 1922, de Bronislaw Malinowski. La aparición de este libro dio inicio al método etnográfico empírico, convirtiendo a Malinowski en el padre fundador del trabajo de campo, al mismo tiempo que inauguró un cuestionamiento epistemológico desde y sobre el trabajo de campo antropológico que nos acompaña hasta nuestros días. 

Aunque la definición de etnografía ha variado en función  de las diversas perspectivas teóricas, todas ellas poseen una base común que refiere a una metodología de obtención de datos que se funda en conceptos como emic, observación participante y la prolongada permanencia en el lugar. A partir de esas ideas se ha construido el mito del antropólogo camaleónico, mimetizado a la perfección en sus ambientes exóticos, como un milagro andante de empatía, tacto, paciencia y cosmopolitismo. Si esta imagen ya había sido debilitada por los grandes nombres de la disciplina (Malinowski, Geertz, Clifford, entre otros) el empujón final se lo da la televisión.

“Perdidos en la tribu” es un reality del canal 4 de España, en el que tres familias conviven con tres distintas tribus “primitivas” de lugares remotos. A lo largo de veintiún días “deben aprender a sobrevivir y convivir con las costumbres de las tribus (…) enfrentándose a extraños rituales, a una desagradable dieta diaria o a un entorno particularmente hostil”.(1)  Las familias españolas luchan por ser aceptadas y “convertirse en uno más de la tribu”. 

No voy a profundizar acerca de la construcción que se hace del otro porque bastante se ha escrito al respecto y ya habrá mejor pretexto para reflexionar acerca de la construcción de la otredad. Como pasa tan menudo, este programa presenta al “otro” como un constructo y una excusa para hablar de nosotros mismo.

Es cierto que los objetivos que los etnógrafos tienen cuando van a terreno son diferentes a los de estas familias que van a concursar por un premio en metálico y sin duda el gancho del programa radica en extremar las situaciones embarazosas por las que tienen que pasar los españoles. Aún así, lo que consigue es desmitificar la idea del encuentro como una instancia que necesariamente implica la generación de conocimiento. Por el contrario, el encuentro acentúa las desigualdades políticas entre visitante y anfitrión y todos los desencuentros que ello acarrea.

Si la etnografía, como lo señala James Clifford, produce interpretaciones culturales a partir de intensas experiencias de investigación que se fundan, básicamente, en la observación participante que obliga a sus practicantes a experimentar, a un nivel tanto intelectual como corporal, las vicisitudes de la traducción; entonces el estar allí se constituye en la pieza angular de una autoridad etnográfica. Por lo tanto, lo que provoca este tipo de programas es el debilitamiento de la autoridad etnográfica, puesto que el discurso etnográfico ya no puede construirse sólo y exclusivamente desde la descripción de las relaciones intersubjetivas que se  dan al interior de un encuentro. Por otra parte, “Perdidos en la tribu” nos revela que la experiencia etnográfica no puede sustentarse exclusivamente en la simulación de un encuentro que se desmorona ante la insistencia de una convivencia que “sobrevive en una antietnología cuya tarea es la de volver a inyectar diferenciaficción entre los salvajes”.

De ahí que “Perdidos en la tribu” se configura como subsidiara de aquella etnografía  (o  mala etnografía) que sólo da respuestas circulares y vacías a preguntas y actos circulares y vacíos. Es, en última instancia la derrota de la etnografía, la destrucción de la imagen del etnógrafo. La pregunta viene de súbito: Y, ¿ tiene alguna importancia la destrucción de la imagen del etnógrafo? Importa cuando uno ha sustentado toda la validez científica de una disciplina en base a una práctica y no en base a una epistemología. Si no es así, uno puede tranquilamente usar el control remoto.

(1) http://www.cuatro.com/perdidos-en-la-tribu/que-es/

19 de marzo de 2010

"PUNTO PELOTA" O EL NEOLIBERALISMO DISCURSIVO DEL FÚTBOL



El fútbol es un juego altamente estructurado que posee un conjunto de reglas que objetivan y norman su práctica. Dentro de esta estructura los jugadores tienen la posibilidad de desplazarse y crear subjetividades, es decir, crear movimientos particulares y propios que hacen que  los jugadores sean vistos como individualidades al servicio de un colectivo (el equipo). Así, hablamos de Maradona, Pelé o Messí como sujetos dotados de cualidades que a veces nos seducen, maravillan o cautivan,  y en otras, nos defraudan, decepcionan o disgustan. Es sobre esas cualidades acerca de las que los fanáticos del fútbol generan una enorme cantidad de discursos acerca de la práctica del fútbol.  Por otro lado, están los medios de comunicación de masas, en especial la televisión, que se han posicionado como instituciones que mediatizan las transformaciones socioculturales que se desarrollan en las sociedades posmodernas.

Ahora bien, la producción discursiva que realizan en los programas de televisión dedicados a comentar el fútbol “transforma el acontecer futbolístico en un texto y lo pone en el formato del evento espectacular”.(1) Se construye entonces, toda una serie de  discursividades que, a sabiendas o a ciegas, positivan en la pantalla un conjunto de ideologías, prácticas y saberes que, en última instancia, subyacen bajo la creencia que sólo estamos hablando de fútbol. Por lo tanto, al hablar de fútbol inevitablemente también dejamos entrever otras manifestaciones que se encuentran arraigadas en los sujetos y por extensión en la sociedad en su conjunto.
Es evidente que hoy en día la práctica del fútbol profesional se ha transformado en un evento mediático, esto es, “una realidad futbolística instituida y creada por los medios (en especial la TV, aunque no exclusivamente), que hegemoniza resignificando los planos tradicionales en que se había desarrollado el fútbol”.(2)  El fútbol mediático es ese fútbol-mercancía, donde los criterios del mercado se constituyen como el factor más relevante en la articulación del evento deportivo, es decir, “el mercado y los medios han impuesto el criterio de la rentabilidad a corto plazo, el éxito inmediato y el costo mínimo”.(3)

A partir de esos criterios, que no son otros que los criterios del capitalismo neoliberal, se elabora toda una circulación inacabable de oferta de espectáculos, informaciones y productos futbolísticos que transitan en los medios. Este es el caso del programa Punto Pelota de la señal Intereconomía de España y que sale al aire de domingo a jueves pasada de la medianoche. El programa, que posee una escenografía que busca simular el camarín de un equipo de fútbol, está compuesto por un presentador, una mujer (que lee los mensajes de texto que envían los teleespectadores) y seis o siete contertulios, en su mayoría periodistas deportivos mezclados con algunos ex-futbolistas. El formato del programa se estructura como una suerte de debate en donde se discuten puntos de vista con respecto a determinadas jugadas, partidos, etc. Ahora bien, la forma en que los discursos de los panelistas adquieren sentido dentro del programa, se estructuran, en su mayoría, bajo una mirada mercantil de la actividad en el que futbolistas y entrenadores son inscritos bajo criterios mercantiles, y los hinchas son reemplazados por el ideal del espectador-consumidor.

Así, los discursos acerca del fútbol que emergen desde los medios de comunicación de masas, se configuran como máscaras modernizadas de la implantación neoconservadora. Se apela al progreso, a la eficiencia e incluso a la moral para glorificar un capitalismo radical “sin más ley que la del beneficio máximo, capitalismo sin freno ni disimulos pero racionalizado, llevado al límite de su eficacia económica gracias a las formas modernas de dominación”. (4) De ahí que el fútbol como pasión dominante, se constituye en un espacio discursivo donde sintetizar la ideología neoliberal “que hace del dinero la medida de todas las cosas, del valor de los hombres y las mujeres en el mercado de trabajo y en todas las dimensiones de la existencia”.(5) 

(1) Eduardo Santa Cruz. 2001 “Mediatización y vida cotidiana: el caso del fútbol” En Investigación y crítica Nº 7, Santiago de Chile: Universidad ARCIS, p. 35.
(2) Ibíd.: 42
(3) Ibíd.: 42
(4) Pierre Bourdieu. 2002. Pensamiento y acción. Buenos Aires: Libros del zorzal, p. 30.
(5) Ibíd.: 35.